Diversos carteles diseñados por Rafael de Penagos.

Hace unos días, durante las obras de reforma que se están realizando en la estación de Sevilla del metro de Madrid, se produjo un curioso hallazgo. Se trataba de un anuncio mural en azulejo de los años 20 del pasado siglo en el que aparece la figura de una mujer ataviada con indumentaria de la época y en el que puede leerse “Jabón sales de Carabaña. Insuperable para la piel”. La Comisión Local de Patrimonio Histórico ha decido que fuera “desmontado, reparado y limpiado” para, una vez restaurado, colocarlo en un lugar privilegiado en el hall de la renovada estación, dado que además de su “evidente valor artístico, tiene una innegable importancia sentimental”, en palabras de Jaime de los Santos, consejero de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid.

Y es que es verdad que muchos reclamos publicitarios han dejado de tener su objetivo puramente comercial para pasar a formar parte de nuestro imaginario colectivo hasta convertirse en nuevas formas de arte. En este artículo vamos a recordar la estrecha relación que algunos anuncios han tenido con el mundo del arte hasta el punto de llegar a olvidar su función original para pasar a formar parte de los fondos de coleccionistas y museos.

“Moulin Rouge”, de Toulouse-Lautrec

“Moulin Rouge”, de Toulouse-Lautrec.

“Moulin Rouge”, de Toulouse-Lautrec. / Foto: Wikipedia.

Al contrario que su colega Van Gogh, Henri Toulouse-Lautrec no fue un artista maldito durante su época, sino que fue un pintor reconocido, principalmente por sus ilustraciones para revistas y por sus carteles publicitarios. Los dueños de los cabarets que frecuentaba, donde se sentía más integrado que en los salones aristocráticos a los que debía pertenecer por origen, le pedían que realizara los anuncios publicitarios para promocionar sus espectáculos. Estos encargos le encantaban, ya que además de proporcionarle ingresos, le permitían plasmar a los personajes y las atmósferas que percibía en sus salidas nocturnas. Uno de los más conocidos que realizó es este del “Moulin Rouge”, en el que aparece La Goulue, una famosa bailarina de cancán que retrató en varias ocasiones.

Carteles de Rafael de Penagos

Cartel de promoción del aceite de oliva firmado por Penagos.

Cartel de promoción del aceite de oliva firmado por Penagos. / Foto: ellalabella.cl

Rafael de Penagos está considerado como el mayor exponente de la ilustración “Art Déco” de nuestro país. Dibujante y pintor madrileño, nacido en 1889, su iconografía se basaba en una nueva mujer, más moderna que la representada hasta entonces, con caderas estrechas, que practicaba deportes de moda, que incluso fumaba, y a la que se llegó a denominar como “mujer Penagos”. Su carrera profesional se desarrolló principalmente como ilustrador en las revistas más conocidas de la época, como Blanco y Negro, Nuevo Mundo o La Esfera, pero también fueron muy conocidos los carteles publicitarios que realizó, por ejemplo, para los barceloneses Chocolates Amatller, Mapfre, Gal o el famoso baile de máscaras del Círculo de Bellas Artes.

“La Dame aux camélias”, de Alphons Mucha

Cartel de “La Dame aux camélias”, de Alphons Mucha.

Uno de los carteles que realizó Mucha para Sarah Bernhardt fue este de “La Dame aux camélias”. / Foto: i.pinimg.com

Si hablamos de publicidad y “Art Noveau” es obligatorio mencionar a Alphons Mucha. Este pintor y artista decorativo checo saltó a la fama en 1895 cuando París apareció cubierto con los carteles litográficos que había realizado para la obra “Gismonda”, que se representaba en el Théâtre de la Renaissance de Sarah Bernhardt, una de las actrices más famosas de todos los tiempos. Tal fue el éxito de estos anuncios, que la intérprete le contrató en exclusividad para los siguientes seis años. Para ella realizó los carteles de otras muchas representaciones como “La Dame aux camélias” (1896), “Lorenzaccio” (1899), “La Samaritaine” (1897), “Médée” (1898), “Hamlet” (1899) o “Tosca” (1899). También son notorios los carteles que realizó para marcas comerciales como las bicicletas Perfecta o los cigarrillos Job.

Logotipo de “Chupa Chups”, de Salvador Dalí

Dalí junto al logotipo de Chupa Chups.

Imagen de Dalí junto a su famoso logotipo. / Foto: Graffica.

La pasión de Dalí por el dinero era casi enfermiza. Tanto es así que André Bretón le puso el sobrenombre de “Avida Dollars”, un anagrama de su nombre que se asemejaba a la expresión francesa “avide a dollars”, que traducido quiere decir “ansioso por los dólares”. Por ello, es normal que encontrara en el mundo de la publicidad el lugar adecuado para conseguir dinero fácilmente. Participó en anuncios de televisión para el chocolate Lanvin, Alka Seltzer o el brandy Veterano, marcas a las que pedía hasta 10.000 dólares por un minuto de grabación, y diseñó escaparates para grandes almacenes neoyorquinos. Pero su participación más conocida fue para Chupa Chups. El dueño de la empresa y creador de estos famosos caramelos con palo, Enric Bernat, se reunió con Dalí en 1969 para que el famoso pintor creara el logotipo de la marca. Según se cuenta, Dalí tardó 60 minutos en crear la tipografía roja sobre fondo amarillo, enmarcada en la característica forma de margarita que la identifica. Lo que no se sabe exactamente es la astronómica cifra que se supone que cobró el pintor surrealista.

“Latas de sopa Campbell”, de Andy Warhol

Serie de las 32 imágenes de sopas Campbell de Warhol.

Serie de las 32 imágenes de sopas Campbell de Warhol. / Foto: secuelasdewarhol.blogspot.com

Aunque esta obra, formada por 32 imágenes serigrafiadas de cada una de las variedades de sopa enlatada que la marca Campbell poseía en 1962, no respondía a un encargo publicitario, es indudable que ha contribuido a que su imagen sea un icono en todo el mundo. Precisamente Warhol procedía del mundo de la publicidad como ilustrador comercial, y con esta serie debutaba profesionalmente en el mundo del arte, ya que formó parte de su primera exposición individual.  Hay varias anécdotas que se atribuyen la explicación sobre la razón por la que Warhol eligió estos envases para su representación. La más extendida es que la galerista y decoradora Muriel Latow le dijo al artista que debía pintar “algo que veas todos los días y que todos reconocerían. Algo como una lata de sopa Campbell”. Otras teorías apuntan a que Warhol era un gran consumidor de estas sopas, ya que aseguró que las tomó para el almuerzo durante veinte años, o que eligió latas porque su madre elaboraba flores de hojalata con muchas de ellas. Con Warhol todo es posible.