¿Por qué resulta tan caro el traslado de obras de arte? (I)

Embalajes de algunas de las obras originarias del Real Monasterio de Santa María de Sijena (Huesca).

El pasado mes de diciembre toda España se hacía eco de la polémica en torno al traslado de las 44 obras originales del Real Monasterio de Santa María de Sijena (Huesca) que estaban en poder del Museu de Lleida. Más allá de la controversia política, uno de los datos que más llamaron la atención fue el alto coste del transporte de estas piezas artísticas desde Cataluña a Aragón. Por poner un ejemplo, el Gobierno aragonés estimó en 20.000€ la cantidad que le supuso el traslado posterior al cenobio oscense de un cuadro, una “Inmaculada” del siglo XVIII, que no se había incluido en el primer transporte. Dicha cifra se considera incluso superior al valor real de la pintura.

Desde Titanio Estudio queremos dar a conocer algunos datos que ayuden a entender el porqué del alto precio que supone la movilidad de bienes artísticos. Para ello, lo primero que hay que tener en cuenta es que en estas operaciones entran a formar numerosas acciones, como el embalaje, el transporte, los seguros o las condiciones de exposición posteriores, que requieren de unos materiales específicos y de una mano de obra especializada. En el siguiente artículo nos vamos a centrar precisamente en los diferentes materiales que se deben usar a la hora de embalar un objeto artístico.

Embalajes

El embalaje es el conjunto de materiales que se disponen ordenadamente alrededor de un objeto cuyo fin es protegerlo durante las labores de manipulación y traslado. Para ello, estos tienen que cumplir una serie de características: que su superficie no sea abrasiva, que sean capaces de aislar el objeto y que mantengan el ambiente estable para que no se produzcan cambios de humedad relativa y temperatura.

No hay que olvidar que cada obra de arte es única e irremplazable, por lo que cada embalaje será diseñado específicamente para ese objeto y sus materiales serán seleccionados según las características de la pieza.

Teniendo en cuenta estos factores, hay que empezar con el análisis de los materiales que van a formar parte del diseño de los embalajes. Es crucial conocer su composición, ya que algunos materiales en contacto con otros elementos como adhesivos de sellado o productos de limpieza, por ejemplo, pueden desprender gases nocivos para los bienes.

Para conocer este tipo de incompatibilidades, además de consultar las especificaciones del fabricante, se puede contar con la asesoría de un químico experto en el tema así como realizar algún test de análisis de fácil ejecución. Entre estos últimos existen tres tipos principalmente:

  • Test de Oddy: A partir de tres muestras de metal, normalmente oro, plata y cobre (aunque algunos expertos han utilizado otros como el zinc), se puede detectar la presencia de sulfuros, ácidos orgánicos y aldehídos.
  • Test de Beilstein: Utilizado principalmente para detectar la presencia de cloro en plásticos, lo que podría ser nocivo para los metales. Para ello se utilizan un hilo de cobre y una llama. Se calienta el cobre y se atraviesa con él el plástico. Si la llama obtenida es de color verde, es que hay cloro.
  • Test azida de sodio: Con esta prueba se detectan los productos que pueden empañar la plata. Para ello, se usa una solución azida de sodio, que en contacto con los sulfuros, libera nitrógeno en efervescencia. Gracias a que se puede observar a través del microscopio, solo es necesaria una muestra muy pequeña de metal para su realización.

Una vez realizadas estas comprobaciones, hay que determinar qué material o materiales son los más adecuados para garantizar el perfecto estado de la obra durante su manipulación y traslado, protegiéndola ante líquidos, vibraciones, golpes o condiciones térmicas adversas.

Materiales para las cajas exteriores

Madera

Uno de los materiales más utilizados es la madera, pero su principal problema es su capacidad de emitir gases nocivos como ácido fórmico, ácido acético o formaldehídos que pueden dañar a diversos metales como plomo, cobre o hierro, así como a otros elementos como vidrio, huesos, cerámica, piedra calcárea, mármol o malacología (colecciones de moluscos). Por ello, la madera no es un material adecuado para el contacto directo con la obra, sino que suele ser utilizada para las cajas exteriores del embalaje.

La madera debe estar libre de nudos, seca y envejecida. Una de las más adecuadas es la de pino de Suecia, pero tiene un alto precio, por lo que como alternativa se suele utilizar el conglomerado de Okumen recubierto de formica (que reduce la emisión de gases) y reforzado con listones de pino sueco. El que resulta completamente contraindicado es el conglomerado de fibras de madera tipo DM y otros tableros comerciales, ya que los adhesivos utilizados para su fabricación se suelen descomponer en forma de formaldehídos.

Cartón

Un material con una resistencia similar a la de la madera es el cartón de triple capa. Sin embargo, su punto débil radica en su sensibilidad ante los agentes líquidos y a su mayor velocidad de deterioro. Gracias a su bajo peso y su versatilidad, su uso suele ser común para transportes de pequeño recorrido o almacenamientos cortos.

Metales

El metal presenta una resistencia y una ligereza mayor que la de la madera, sin embargo su coste es mucho mayor que el de este material. Se mantiene estable ante la acción de agentes químicos y conserva atmósferas estancas, aunque la temperatura puede aumentar mucho en su interior si se mantiene expuesto al sol.

Las cajas de metal pueden presentar distintos tipos de cierre y sujeción. Las asas, por ejemplo, se colocan al menos en dos laterales, aunque en ocasiones también es necesaria una en la tapa. Los cierres aseguran precisamente la tapa, y los más comunes constan de dos arandelas, una metálica y otra de neopreno, y de tornillos de cabeza de estrella. Además existe otro sistema de fijación que son los Oz clips, que cuentan con dos pletinas, una de ellas retráctil, con dos orificios en cada una de ellas, y una arandela en forma de D.

Materiales para el recubrimiento interior de las cajas

Proceso de embalaje de una de las obras de Sijena.

Proceso de embalaje de una de las obras de Sijena. / Foto: El Periódico.

Plásticos

Es el material ideal para el recubrimiento interno de las cajas gracias a su manejabilidad, su baja conductividad térmica, su estabilidad ante altas temperaturas, su escasa permeabilidad ante vapores y líquidos, y su resistencia ante agentes químicos. Para el embalaje de obras de arte normalmente se han usado tres familias de plásticos:

  • Poliuretanos: Su uso se ha desechado dado su envejecimiento poco homogéneo y por su emisión de vapores perjudiciales para los bienes artísticos. Además, los reticulados basados en poliéteres son materiales de celda abierta que favorecen la acumulación de humedad relativa y la suciedad superficial, lo que contribuye a la aparición de microorganismos.
  • Poliestirenos: Se trata de un gran aislante térmico -ya que no le afecta ni la humedad relativa ni la temperatura-, vibratorio y acústico. Es un polímero termoplástico sólido, transparente, incoloro, muy resistente y duro. Gracias a la técnica de inyección de vapor de agua se puede ajustar para obtener diferentes estructuras. Las más conocidas a nivel comercial son:
    • EPS Expandido: POLIESPAN® y corcho blanco.
    • XPS Extruido: Se utiliza para aislar y resulta más caro. Admite más densidades, es más limpio y no se aplasta, pero precisamente su rigidez no lo hace recomendable para entrar en contacto con superficies delicadas, ya que puede dejar marcas, entorpecer la manipulación o incluso adherirse en caso de condensación de la humedad relativa en su superficie, por lo que su uso ha decaído mucho en la última década.
  • Polietilenos: Material de celda cerrada, lo que le permite no absorber humedad ni suciedad, ser muy resistente ante agentes químicos, y presentar una buena resistencia ante tracción o rotura. Se fabrica en multitud de densidades: a mayor densidad, mayor capacidad como aislante térmico. Dada esta versatilidad, es el material más utilizado en el diseño de embalajes. Se comercializa con los siguientes nombres:
    • Volara: célula entrecruzada, superficie muy lisa y suave con gran adaptabilidad a superficies irregulares. Presenta poca absorción de líquidos y buen comportamiento ante los cambios térmicos. Se comercializa en blanco y negro y con dos grosores: 4 y 8 mm. Se suele usar como capa fina de embalaje y superficie de apoyo en vitrinas y estanterías.
    • Plastazote: espuma rígida de polietileno de célula cerrada, de alta densidad y que no libera ácidos. Superficie suave pero con menor adaptabilidad que la Volara. Fácil de cortar y con cierta elasticidad, absorbe bien los posibles impactos sin deformarse. Como desventaja está su alta sensibilidad a las altas temperaturas. Su uso suele ser de apoyo en los embalajes de obras tridimensionales, porque su dureza no lo hace recomendable para el contacto directo con estas.
    • Instapack: Bolsa de film de polietileno que en su interior contiene una resina y un catalizador, que al mezclarse se transforman en espuma de poliuretano, la cual se adapta perfectamente a la forma del objeto que transporta. Su inconveniente es la presión que ejerce sobre la obra, lo que puede provocar que se quede entre los intersticios de la misma o incluso producir roturas.

Materiales para la protección directa de las obras

Papeles y films

Son los materiales perfectos para entrar en contacto directo con la obra de arte ya que no son abrasivos y cuentan con un pH neutro que permite la transpiración de la humedad relativa, impidiendo así la condensación sobre la superficie del objeto. Los más comunes son:

  • Cell-plast: Su aspecto es de un tejido translucido con dos capas con distintas características: una con superficie gofrada con celdas de polipropileno recubiertas de fibra celulósica, y otra lisa y brillante, compuesta de polietileno. La primera es la que va en contacto directo con la obra, mientras que la segunda está destinada al exterior dada su capacidad de repeler líquidos nocivos.
  • Lampraseal: La mejor alternativa al cell-plast. Este tisú laminado con polietileno cuenta con una enorme adaptabilidad, lo que le permite amoldarse a cualquier superficie. Además es suave, no abrasivo y resulta muy difícil que sufra desgarros en su superficie.
  • Nomex: Papel químicamente inerte e ignífugo, resistente al polvo, la polución y los hongos, aunque muy sensible a los líquidos, se degrada con por la acción UV y no es reutilizable. Habitualmente se usa en el embalaje de obras tridimensionales y para forrar el interior de las cajas ante cortes de espuma que puedan resultar abrasivos.

Para profundizar en el conocimiento de estos materiales y en el diseño de embalajes, recomendamos el libro de M. Rotaeche González de Ubieta (2008) Transporte, depósito y manipulación de obras de arte. Ed Sintesis, Madrid.