Continúa la restauración de la Giralda de Sevilla

La cara oeste de La Giralda de Sevilla ya restaurada.

Cumpliendo con lo previsto, el pasado 9 de abril se procedió a colocar el andamio necesario para restaurar la cara sur de la Giralda de Sevilla, la que da a la plaza del Triunfo. Estos trabajos, que tendrán una duración de seis meses y un presupuesto cercano al medio millón de euros, sufragado en su totalidad por el Cabildo Catedral, vienen a suceder a los realizados en la cara oeste de esta torre alminar, que finalizaron el pasado mes de enero siete meses después de iniciarse.

En esta segunda fase participarán en torno a cien profesionales de distintos ámbitos que, entre otras labores, limpiarán la piedra, consolidarán los elementos arquitectónicos y ornamentales dañados, y sustituirán aquellos que se hayan perdido. El campanario de la catedral seguirá siendo visitable, al igual que ocurrió durante la restauración de la cara que da al Patio de los Naranjos, por lo que estos trabajos no incidirán en el turismo más allá de afectar a una de las postales más reconocibles de la capital andaluza. Para las fases tres y cuatro, las correspondientes a las caras este y norte de la torre respectivamente, aún no hay plazo de ejecución, ya que todo parece que dependerá de los fondos económicos con los que cuente el Cabildo Catedral para entonces, cuyo origen procede principalmente de la venta de entradas al templo.

El color original de la Giralda es el rojo

 

Detalle de “Santas Justa y Rufina”, de Baltasar Esteban Murillo.

Detalle de “Santas Justa y Rufina”, de Baltasar Esteban Murillo. / Foto: sevillasecreta.co

 

Respecto a la primera fase, la de la cara oeste, son muchas las curiosidades y descubrimientos que ha deparado. El más llamativo de todos ellos es la confirmación de que la Giralda, en su origen, era de color rojo. En realidad, su tono era el color almagra, típico de edificaciones árabes como la Alhambra. Así fue como la concibieron los almohades y así se mantuvo tras su reforma renacentista, pero el paso del tiempo y una restauración no muy ortodoxa previa provocaron que desapareciera. Aun así, ya se sospechaba que el rojo podía ser el tono original, entre otro indicios, gracias a cuadros de autores como Miguel de Esquivel o Baltasar Esteban Murillo, quien representó a las santas Justa y Rufina, vinculadas a Sevilla, sosteniendo una Giralda rojiza.

Preparada ante rayos, borrascas y terremotos

Entre los años 1884 y 1885 se sucedieron varias tormentas eléctricas que obligaron al Cabildo Catedral a instalar una serie de conducciones metálicas para que las descargas se repartieran y no afectaran a la estructura de la torre. Ahora, durante la restauración de la cara oeste, los expertos han creado una red conectada con elementos de cobre desde el Giraldillo al campanario, donde además se ha instalado una nueva barrera protectora de acero galvanizado. En definitiva, es una especie de jaula que se ha unido a los elementos de cobre anteriores, lo que garantiza la protección del edificio ya que la torre alminar se ha convertido en un pararrayos perfecto.

La Giralda tampoco ha sucumbido ante las numerosas borrascas que nos han azotado en los últimos meses, y eso que varios elementos se encontraban en un estado muy delicado. Es el caso de las campanas de piedra que dan apoyo a las azucenas de la torre, que a su vez están apoyadas en unas bolas de piedra, las cuales presentaban unas grietas que les hacían balancearse aun con un viento normal y que han sido reparadas. Igualmente se ha sustituido el zuncho de hierro que se instaló tras el terrible terremoto de Lisboa (1775), situado en la zona de los arquillos del remate.

Andamios de más de mil años y técnicas del s. XII

En unas prospecciones a los mechinales –vanos en los muros donde se introducen las vigas para los andamios-, se han encontrado maderas que, gracias a la prueba del carbono 14, se han podido datar como de casi mil años de antigüedad, ya que formaron parte del andamiaje original de la torre. Por su parte, los trabajadores han utilizado técnicas propias del siglo XII. Así, por ejemplo, para subir una columna de gran peso por las rampas hasta los niveles superiores, se ha utilizado únicamente tracción humana, sin presencia de grúas.