Cinco tesoros descubiertos por restauradores y conservadores

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La “Sala de Constantino” de los Museos Vaticanos.

La conservación y la restauración de arte sirven para proporcionar a las obras, ya sean cuadros, esculturas, edificios, etc., una nueva vida que garantice su permanencia en los años venideros en las mejores condiciones posibles. Pero, en ocasiones, también contribuyen al rescate o descubrimiento de nuevos objetos artísticos ocultos en aquellos en los que se está trabajando. Os ofrecemos una serie de ejemplos. ­

Un Picasso bajo un Picasso

Imagen del retrato de un hombre descubierto bajo “Mujer Planchando”, ambos de Picasso.

Imagen del retrato de un hombre descubierto bajo “Mujer Planchando”, ambos de Picasso. / Foto: El País.

Siempre ha sido común la costumbre entre los pintores, incluido Picasso, de reutilizar los lienzos para crear nuevas obras sobre otras antiguas. Así lo constató el museo Guggenheim de Nueva York cuando procedió a la restauración de “Mujer planchando”, obra que el genio malagueño probablemente realizó hacia 1904. En 1989, tras un análisis con infrarrojos, se descubrió que bajo la imagen de la señora planchando había otra: la de un hombre con bigote que aparecía boca abajo. Desde el principio los expertos afirmaron que esta segunda pintura, en realidad la primera en orden cronológico, también era obra de Picasso. Y tras un estudio posterior más profundo, propiciado por las nuevas tecnologías, el museo Guggenheim pudo confirmar este aspecto.

Una vez dilucidada la autoría, había que descubrir quién era el retratado. Primero se pensó en Benet Soler, un sastre amigo del maestro andaluz al que Picasso retrató en varias ocasiones. Sin embargo, la conservadora jefe y subdirectora de la Fundación Solomon R. Guggenheim, Carol Stringari; la principal conservadora del museo, Julie Barten; y uno de los más conocidos biógrafos de Picasso, John Richardson, llegaron a otra conclusión: tras estudiar a los sujetos que el pintor retrataba hacia 1900, coincidieron en que se trataba del escultor  Manuel Fernández de Soto, amigo de Picasso y hermano de Ángel, “dandi” de la época al que había retratado en 1903.

500 años ocultas en el Vaticano

Detalle de “Justicia”, una de las pinturas inéditas de Rafael descubiertas tras unas labores de restauración en los Museos Vaticanos.

Detalle de “Justicia”, una de las pinturas inéditas de Rafael descubiertas tras unas labores de restauración en los Museos Vaticanos. / Foto: CNN

El pasado año, durante unos trabajos de limpieza y restauración de una sala en los Museos Vaticanos, se descubrieron dos tesoros que habían permanecido ocultos nada menos que 500 años. Se trataba de dos pinturas de Rafael, maestro del Renacimiento. Los expertos creen que podrían responder a su último trabajo antes de su temprana muerte, fechada en 1520 cuando el pintor solo contaba con 37 años. Son dos figuras femeninas, una representa a la Justicia y la otra a la Amistad, que pudieron ser pintadas hacia 1519, justo antes de su fallecimiento. Después de su desaparición, otros pintores finalizaron los trabajos y las obras de Rafael fueron olvidadas.

En 1508 el Papa Julio II había encargado a Rafael la decoración de sus dependencias privadas. El de Urbino completó tres habitaciones, conocidas como “Las estancias de Rafael”, en las que se encuentran frescos tan famosos como “La escuela de Atenas”. Para la cuarta, la “Sala de Constantino”, Rafael había planeado utilizar óleo en vez de la más común técnica del fresco, tal y como recoge el libro “Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos” (1550), de Giorgio Vasari, en el que se atestigua que Rafael había empezado a trabajar en dos figuras con una técnica experimental. A esta pista se unieron los datos que aportaron las fotos realizadas con rayos ultravioletas e infrarrojos: estaban pintadas al óleo, las pinceladas eran las típicas de Rafael y no contaban con un dibujo preparatorio previo, como era costumbre en el maestro. Todo ello confirmó la autoría de ambas pinturas.

El “puzle” de Magritte

A la izqda., reconstrucción virtual de “La pose echantée”. A la dcha., “Die n’est pas un saint”, obra que ocultaba la cuarta pieza del “puzle” de Magritte.

A la izqda., reconstrucción virtual de “La pose echantée”. A la dcha., “Die n’est pas un saint”, obra que ocultaba la cuarta pieza del “puzle” de Magritte. / Foto: El País.

René Magritte, al igual que hemos visto con Picasso, también reutilizaba sus lienzos. En 1935 el pintor belga decidió deshacerse de su obra “La pose echantée” (“La pose encantada”) (1927), que representaba dos cuerpos femeninos desgarbados, porque la consideraba “irrelevante” a nivel estético, y cortó la tela en cuatro trozos. Desde entonces se buscaban las piezas de esta obra de la que solo se conservaba una foto en blanco y negro de 1932. Hasta que el pasado mes de noviembre se encontró la última de todas ellas, lo que supuso la culminación de un trabajo de investigación que comenzó en 2013 en Nueva York, cuando los conservadores del MoMA encontraron la primera.

En concreto, se encontraba en “Le portrait” (“El retrato”), un bodegón de 1935 que representaba una loncha de jamón y un ojo en el centro. Gracias a los rayos ultravioleta, los expertos del MoMA descubrieron en ella la parte superior izquierda de la obra perdida. La segunda pieza se encontró en el Moderna Museet de Estocolmo, en la pintura “Le modèle rouge” (“El modelo rojo”), también de 1935, que escondía el cuarto inferior izquierdo, mientras que la tercera pieza se localizó en 2016, en otra pintura de 1935, “La condition humaine” (“La condición humana”), esta vez en el Norwich Castle Museum de Reino Unido. La investigación culminó de la mano del Museo Magritte de Bruselas y la Universidad de Lieja, que tras analizar 18 de los 63 óleos que custodiaban, encontraron la cuarta pieza, la de la parte superior derecha, en la obra “Die n’est  pas un saint” (“Dios no es un santo”), realizada entre 1935 y 1936, lo que ha permitido reconstruir virtualmente la obra primigenia.

Camarín barroco de Vallecas

Pinturas murales del camarín barroco de la iglesia de San Pedro Ad Víncula de Villa de Vallecas (Madrid).

Pinturas murales del camarín barroco de la iglesia de San Pedro Ad Víncula de Villa de Vallecas (Madrid). / Foto: valledelkas.com.

El conocido barrio madrileño de Vallecas oculta muchos tesoros en sí mismo. Uno de los principales es la iglesia parroquial de San Pedro Ad Víncula, templo diseñado por Juan de Herrera –arquitecto del monasterio de San Lorenzo de El Escorial- en 1600 y cuya torre añadida fue obra de Ventura Rodríguez. Este edificio ha sido sometido recientemente a 19 años de reformas. Durante estos trabajos, y tras el estudio de los huecos de la fachada, los investigadores llegaron al convencimiento de que tras los muros situados junto al altar se ocultaba una capilla. Las catas y demoliciones permitieron encontrar restos de bóvedas y pinturas de un camarín barroco fechado a mediados del siglo XVII, así como un arco o ventana de conexión con la iglesia en estilo herreriano.

Los camarines barrocos llegaron a ser muy frecuentes en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, este, dedicado a la Virgen del Rosario, es el único que se conserva en la actualidad y uno de los pocos de España. Sus llamativas pinturas murales se atribuyen al pintor madrileño Juan Vicente Ribera, dada la similitud a las encontradas en la capilla de las Santas Formas de Alcalá de Henares.

Cápsula del tiempo

Uno de los pliegos que se encontraron en el interior de una talla de Cristo del s.XVIII de Sotillo de la Ribera (Burgos).

Uno de los pliegos que se encontraron en el interior de una talla de Cristo del s.XVIII de Sotillo de la Ribera (Burgos). / Foto: El Mundo.

Los restauradores de una talla de un Cristo del siglo XVIII perteneciente a la iglesia de Sotillo de la Ribera (Burgos) se quedaron totalmente sorprendidos cuando en la parte trasera de la figura, en el interior de la madera hueca, encontraron una cápsula del tiempo. Se trataba de una serie de documentos firmados en 1777 por el capellán de la catedral de Burgo de Osma (Soria), Joaquín Mínguez, en el que proporcionaba información económica, religiosa, política y cultural de la época.

En concreto se trataba de dos pliegos escritos a mano por ambas caras con una cuidadosa caligrafía. En ellos, el capellán identifica al autor de la talla como Manuel Bal. Además describe lo que se cultivaba en el Obispado de Osma: “Cosechas de trigo, cebada, centeno, avena”, con especial mención al vino de “la tierra Aranda”. Relata las enfermedades más comunes, así como los entretenimientos preferidos de la población. Y, por último, detalla datos más generales del momento: “La Corte está en Madrid. Hay Correo y Gaceta para las noticias. Hay Inquisición, por lo cual no se experimentan errores contra la Iglesia de Dios. Se contratan en funciones grandes toreros famosos de Salamanca”.